Jueves 17/05/12 SANTORAL:Adrión, Aquilino, Artemio, Basilia, Bruno, Celestino, Galcoro, Heraclio o Eradio, Minerco, Pablo, Panfamero, Panfilón, Pascual Bailón, Restituta, Solocón, Teodomaro, Víctor
Todos los problemas tienen solución; el problema está en dar con ella. Noel Clarasó.(1905-1985); escritor español
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21/12/06 13:14

El sistema educativo español provoca el fracaso de seis de cada diez niños superdotados


ABC

¿Dónde va la gente cuando se muere? ¿un libro está hecho de cerebro? ¿para qué sirven los senadores y diputados? ¿por qué hay niños que tienen hambre?... Estas son algunas de las preguntas a las que han de enfrentarse la mayoría de los padres afectados. A veces resultan difíciles de explicar, sobre todo si quien las hace es un niño de dos años. Pequeños con altas capacidades que, en muchas ocasiones, han de salvar las barreras que la sociedad, la escuela o la familia levantan sólo porque no saben entenderles.

Superdotados. Inteligentes, curiosos, perfeccionistas, lectores voraces... entre ellos puede encontrarse el descubridor de la vacuna del sida o el Einstein del futuro. Sin embargo, seis de cada diez de estos niños terminan fracasando en sus estudios, encajonados en un sistema educativo que les encorseta y les excluye. En España se calcula que el 2 por ciento de la población escolar es superdotada, es decir, que uno de cada veinticinco escolares tiene un coeficiente intelectual por encima de 130 puntos. O lo que es lo mismo: en cada aula hay un niño que supera la barrera de la superdotación.

Aburridos en clase

Los expertos consideran que ofrecerles una educación diferenciada constituye una exigencia básica, pero la realidad es bien distinta: todos acaban presentando un bajo rendimiento ante la falta de estímulos y nuevos retos. Acostumbrados a resolver los problemas y tareas antes que el resto de sus compañeros, las clases se convierten en una monotonía que les lleva al aburrimiento. El fracaso escolar será el siguiente paso: hoy día supera el 60 por ciento.

Una realidad que es conocida por los responsables del sistema educativo pero a la que, sin embargo, se continúa sin dar respuesta, según denuncian los padres de muchos de estos niños. Argimio Morán, de la Asociación Española de Superdotados y con Talento (AEST) conoce bien los problemas a los que muchos padres tienen que enfrentarse. «La Administración ignora la existencia de estos alumnos -explica- y si quieres que el niño avance de curso hay que reclamar». Por ello, desde esta asociación proponen al Gobierno que todos los escolares sean evaluados de manera individual al paso de cada etapa educativa para poder detectar tanto a los niños superdotados como aquellos con cualquier tipo de problema.

Una queja que comparten otras muchas asociaciones que denuncian la falta de equipos psicopedagógicos específicos para la atención de estos alumnos o la escasa o nula preparación que sobre la materia tienen los existentes hoy día. En España, durante años, los colegios no permitieron la aceleración de curso, de manera que los niños sólo podían estar en el curso correspondiente a su edad y no a su capacidad. La llegada de la Logse permitió un salto en Primaria y otro en Secundaria. La ley de Calidad intentó hacer mejoras y aumentar la flexibilización, convirtiéndose en la primera norma de este rango en la que la atención a este alumnado era tratada de manera específica e independiente. En ella se insta a adoptar medidas para identificar y evaluar de forma temprana las necesidades de estos niños, e incluso se abogaba por promover cursos de formación específica para los profesores. Medidas que, sin embargo, siguen quedándose para padres y expertos en mera declaración de intenciones y constatan que se sigue sin dar una respuesta adecuada.

«Tenemos metido a un alumno capaz de resolver un puzzle de cien piezas en clases donde sus compañeros sólo logran juntar cuatro. Y eso durante cinco horas al día, cinco días a la semana, cuatro semanas al mes y así todo un año académico», explica Argimio Morán. En definitiva, es como querer calzar a todos los niños de una misma clase un sólo número de zapato. Así, muchos de ellos, cansados de un sistema educativo incapaz de motivarles y comprenderles, acaban «disimulando» sus capacidades en un intento de mimetizarse con el resto de sus compañeros y dejar de ser «diferentes». Una actitud que toman en mayor medida las alumnas, de manera que mientras en los primeros niveles educativos la proporción entre chicos y chicas superdotados es similar, en los superiores ellas parecen desaparecer del mapa. «No porque no existan -precisa Argimiro- sino porque prefieren pasar desapercibidas. Muchas llegan incluso a autosuspenderse».

A pesar de que la mayoría de los padres apoya la integración de estos niños en centros ordinarios, no descartan el apoyo a la creación de centros específicos para un mejor desarrollo de los niños con altas capacidades. «El sistema educativo español tiene recursos técnicos y humanos para atenderlos -explica Morán-. Pero si la Administración decide no hacer nada y las leyes son ineficaces, los padres tendrán que buscar otro camino como la creación de colegios especiales».

Falta de docentes

Uno de los principales escollos es la falta de docentes formados para detectar y educar a los niños superdotados. La detección temprana es fundamental a la hora de ofrecer al niño el entorno educativo más conveniente y evitar que su desarrollo se vea frenado. «Cuando un niño superdotado recibe una educación acorde a su nivel de aprendizaje no disminuirán sus capacidades», señala Yolanda Benito, directora del centro psicológico y educativo «Huerta del Rey» de Valladolid. Esta doctora en psicología y experta en el campo de la superdotación señala que «el bajo rendimiento se da en todos estos niños, porque el ritmo educativo no se adapta a sus capacidades», pero especifica que el fracaso escolar «no se da hasta llegar a la Secundaria».

Los datos que manejan los expertos son devastadores: tan sólo el 30 por ciento de los niños con dotación intelectual rinde de forma adecuada; el 27 por ciento abandona los estudios a los 14 años y la mitad de los chicos y el 30 por ciento de las chicas superdotadas no alcanza la Universidad. Además, hay un mayor fracaso entre los chicos que las chicas, que aunque también bajan el rendimiento, no suelen abandonar los estudios. Además, señala Benito, dos tercios sufre el denominado efecto Pigmalión negativo.«Las expectativas de los padres y de los docentes afectan al rendimiento de estos niños -explica- que acaban creyéndose poco inteligentes, desarrollan serios problemas de autoestima, sufren desmotivación y un total rechazo a la escuela. No sólo acaban fracasando en los estudios sino también personal y emocionalmente».

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