Jueves 17/05/12 SANTORAL:Adrión, Aquilino, Artemio, Basilia, Bruno, Celestino, Galcoro, Heraclio o Eradio, Minerco, Pablo, Panfamero, Panfilón, Pascual Bailón, Restituta, Solocón, Teodomaro, Víctor
Todos los problemas tienen solución; el problema está en dar con ella. Noel Clarasó.(1905-1985); escritor español
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21/12/06 13:14

Una reflexión sobre el terrorismo

NI LOCOS NI PSICÓPATAS: los terroristas son gente corriente adoctrinada que cree luchar por un ideal.
Federuci Javaloy, CATEDRÁTICO DE PSICOLOGÍA SOCIAL

Ironías de la vida, las bombas de Londres me sorprendieron en el momento en que estaba a punto de iniciarse la sesión de un simposio sobre Terrorismo y violencia, en el marco del Congreso Europeo de Psicología. Una de las conclusiones de los cuatro ponentes, en nuestra aproximación al fenómeno terrorista, consistió en resaltar que los yihadistas no son personas que sufren trastornos de personalidad, sino que se trata de gente normal y corriente que ha vivido una situación de intenso adoctrinamiento ideológico. Es cierto que, con sus atentados, los islamistas cometen auténticas locuras, pero las personas que hacen locuras no están necesariamente locas ya que, como ha señalado el psicólogo Philip Zimbardo, puede ser que se trate de "unas buenas personas en una mala situación".

Esta conclusión resulta contradictoria con muchas opiniones que se han vertido estos días en los medios de comunicación, que coinciden en llamar "locos" a los terroristas, locos que diseñan planes improvisados que no tienen ningún sentido y realizan acciones absurdas y completamente inútiles en relación con el objetivo que se proponen. Pero las cosas no son tan claras, ni mucho menos, y tenemos dos buenas razones a favor de la normalidad psicológica de los terroristas: una proviene de la investigación y los datos empíricos que tenemos sobre los activistas detenidos, y la segunda deriva del análisis de su forma de actuar.

Los primeros estudios sobre organizaciones terroristas estuvieron notablemente marcados por la tendencia a patologizar a los activistas presentándoles como personalidades trastornadas. Estudios posteriores, más rigurosos y más liberados de prejuicios, como un excelente trabajo de revisión e investigación realizado por la socióloga Donatella della Porta, han concluido que ninguna afirmación sobre la existencia de rasgos patológicos típicos de los terroristas ha recibido apoyo en la investigación empírica y que las organizaciones terroristas deben ser estudiadas ante todo como grupos ideológicos que, si desarrollan actividades criminales, no es porque sus miembros estén mentalmente desequilibrados o sedientos de sangre, sino debido a la identificación con una ideología que se lo exige.

Sin duda, los activistas de Al Qaeda no actúan alocadamente. Por ejemplo, su campaña en contra de los países que apoyaron a EEUU en la invasión de Irak se ha plasmado en atentados meticulosamente preparados y utilizando al máximo las nuevas tecnologías, como Internet y la telefonía móvil vía satélite. Cada golpe se plantea, como ha notado Manuel Castells, en forma de "acción ejemplar", ya que pretende servir de escarmiento al país castigado y de demostración de poder a los musulmanes del mundo. Los terroristas tratan sobre todo de despertar a las masas musulmanes, de sembrar la inquietud que precede a los levantamientos sociales. Y la forma bien calculada en que lo hacen no es precisamente cosa de locos.

No debemos eludir que la idea de que los terroristas son gente corriente puede resultar incómoda e incluso inquietante para muchos de nosotros, porque tal vez arroja una sombra de duda sobre nosotros mismos y sobre la confianza que tenemos en la gente. Es fácil que se nos escapen pensamientos tales como: ¿sería yo capaz de hacer una cosa así? ¿Y la gente normal que me rodea? La realidad es que tal posibilidad existe, aunque sea muy remota, pero nadie puede volverse terrorista de la noche a la mañana sin una relación, más o menos prolongada, con un grupo en el que es adoctrinado y del que recibe un entrenamiento específico.

Un primer efecto psicológico del adoctrinamiento ideológico es el proceso de despersonalización que sufre el activista. La importancia que se da en el grupo a la causa por la que se lucha cambia la mirada del activista: los que no comulgan con la propia ideología dejan de ser vistos como individuos y sólo son considerados como miembros del grupo a que pertenecen. Desde esta óptica, los londinenses no son vistos por los yihadistas como personas individuales con diferentes características de edad, sexo, etcétera, sino simplemente como infieles, como miembros de un país cuyo Gobierno hace la guerra en Irak. Mediante el adoctrinamiento en una ideología radical el individuo puede ser fanatizado y aprender un nuevo sentido del bien y del mal: ni los derechos humanos son algo necesariamente bueno ni tiene por qué ser malo asesinar en ciertas circunstancias. Para el fanático, el único criterio válido de moralidad es que la acción realizada contribuya a la realización de su propio ideal. Es legítimo e incluso deseable matar y morir si la acción al servicio del propio ideal así lo exige. Y todo ello sin que medie ningún escrúpulo moral, ya que se hace por un buen fin. Ya lo dijo con acierto Pascal: "Nunca se hace el mal tan bien como cuando se hace con buena conciencia".

El extraño mecanismo psicológico a que nos estamos refiriendo fue denominado por el prestigioso psicólogo, Albert Bandura, inhibición o "desconexión moral". Este mecanismo, sin duda ajeno al psicópata, se basa en que igual que el hombre puede maltratar o incluso matar a un animal sin experimentar ningún remordimiento, puede también, apoyándose en justificaciones ideológicas, amortiguar el sentimiento de culpa en los malos tratos a personas, despojándolas de sus cualidades humanas, lo cual aleja de él toda simpatía o sentimiento de compasión hacia las víctimas.

Después del 7-J existe un serio peligro de aumento del racismo, como ya sucedió después del 11-S y del 11-M.

La islamofobia resulta ahora altamente preocupante, especialmente porque, como ha notado el islamólogo Gilles Kepel, son los inmigrados musulmanes en Europa que se sienten rechazados por la población autóctona quienes más corren el riesgo de refugiarse en el islamismo radical. Es responsabilidad de todos prevenir que esto ocurra y tener en cuenta que la inmensa mayoría de musulmanes que conviven a nuestro lado rechazan el fanatismo terrorista tanto o más que nosotros.

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