Viernes 10/09/10 SANTORAL:Agapio, Auberto, Dativo, Francisco Gárate, Félix, Liteo, Lucio, Menodora, Metrodora, Nemesiano, Nicolás de Tolentino, Ninfodora, Poliano, Pulqueria, Salvino, Salvio, Sóstenes, Teodardo, Teodardo, Víctor
La razón es un sol severo: ilumina pero ciega. Romain Rolland.(1866-1944); escritor francés

Pasatiempos

Dichos
Quien se fue a Sevilla, perdió su silla
Durante el reinado de Enrique IV (1425-1474), le fue concedido el arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla, don Alonso de Fonseca. Dado que el reino de Galicia andaba revuelto, el arzobispo electo pensó que la toma de posesión del cargo no iba a ser cosa sencilla, por lo que pidió ayuda a su tío. Don Alonso se desplazó al reino gallego, pero pidió a su sobrino que se ocupara del arzobispado sevillano durante su ausencia.
El arzobispo, tras lograr serenar los ánimos de los gallegos, regresó a Sevilla, pero se encontró con que su sobrino no quería dejar de ningún modo la silla hispalense. Para que desistiera, no sólo fue necesario un mandato del Papa, sino que interviniera el rey y que algunos de sus seguidores fuesen ahorcados tras un breve proceso. A raíz de este trágico suceso nace el refrán quien se fue a Sevilla, perdió su silla. De él se deduce que la ausencia perjudica, no al que se fue a Sevilla, sino al que se fue de ella.

Vérsele el plumero
Este dicho tan recurrente se usa para indicar que una persona deja traslucir de forma involuntaria sus verdaderas intenciones o pensamientos en un asunto.
Indudablemente, su origen se encuentra en la fábula La corneja y los pájaros, escrita por el griego Esopo en el siglo VI a. de C. La fábula cuenta que Júpiter, el padre de los dioses, para nombrar al rey de los pájaros, señaló una fecha en la que todas las aves deberían comparecer ante él, para así elegir a la más bella.
Todos los pájaros se acercaron a la orilla del río para acicalarse y arreglarse el plumaje. La corneja, consciente de su fealdad, se dedicó a recoger las plumas que se habían desprendido de los otros pájaros y se las prendió en el cuello. Al llegar el día señalado por Júpiter, todas las aves acudieron al concurso. De todos los plumajes, el de la corneja resultó ser el más bello y elegante. Pero cuando estaba a punto de ser coronada, los demás pájaros, indignados por el engaño, se le echaron encima y cada cual arrancó del penacho las plumas que le pertenecían. Y la corneja no consiguió el tan preciado puesto, por vérsele el plumero, o sea, el penacho de plumas de pega.
Como anécdota, esta frase proverbial fue utilizada por los conservadores, que aplicaban a las personas que dejaban entrever sus opiniones liberales. Pero aquí el plumero no se refiere a la farsa de la corneja de la fábula, sino al penacho de plumas que coronaba el morrión de los voluntarios de la Milicia Nacional, un cuerpo que nació el año 1820 para defender los principios liberales y progresistas.

A buenas horas, mangasverdes
Durante el mandato de los Reyes Católicos se crearon los Cuerpos de la Santa Hermandad, tras su aprobación en las Cortes de Madrigal, en 1476. El cuerpo fue constituido para prestar auxilio en cualquier tipo de emergencias. Sus miembros vestían un uniforme con coleto -vestidura de piel que cubre el cuerpo hasta la cintura- y bocamangas de color verde.
Relatan los cronistas de los siglos XVI y XVII que este cuerpo se ganó a pulso la fama de impuntualidad. Generalmente, cuando llegaban al lugar requerido para prestar el auxilio ya se habían cometido los desmanes y siniestros. Y a veces tardaban tanto que los vecinos del pueblo habían resuelto el problema. De hay que cuando se personaban en el lugar de los hechos, la gente les reprochaba diciendo: ¡A buenas horas, mangasverdes!
La frase ha quedado para expresar en sentido peyorativo la demora y llegada tardía de un auxilio, así como para significar que los méritos no llegan en el memento oportuno.

Más chulo que un ocho
Frase castiza que nació en el barrio madrileño de Manzanares, según una crónica publicada por Baró Quesada en el diario ABC, el 8 de octubre de 1963. La cifra hace alusión al tranvía número 8, que hacía el servicio entre la Puerta del Sol y San Antonio de la Florida. Tenía su última parada y cochera a la vera de la Bombilla, "allá donde se abrían las fondas de los Viveros y Cantarranas y sonaban estridentes y sentimentales los planos manubrios de La Huerta y Casa Juán".

Tocayo
Según el Diccionario, se dice respecto de una persona, otra que tiene el mismo nombre. Esta palabra tiene su origen en la fórmula que empleaban los romanos en el matrimonio de confarreación (confarreatio), celebración solemne reservada a los patricios. Cuando la comitiva nupcial llegaba a la puerta de la casa del futuro marido, éste, saliendo a su encuentro, preguntaba a la que iba a ser su esposa:
-¿Quién eres tú?
Y ella respondía con la siguiente frase sacramental: -Ubi tu Cayus, ibi ego Caya (En donde tú seas llamado Cayo, a mí me llamarán Caya). Con esta frase, el matrimonio se decía algo así como que "allí donde tú y yo estemos, seremos iguales, sin que nos diferenciemos ni en el nombre". 0 sea, que eran tocayos.

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