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Quedarse a la luna de Valencia
El origen del dicho, que equivale a decir que alguien no ha podido conseguir lo que esperaba o se prometía, está poco claro. Para algunos autores, pudo surgir del hecho de que, debido al mal estado de la mar, los barcos no podían atracar en la playa valenciana para desembarcar a los pasajeros, y éstos tenían que pasar la noche en alta mar, quedando a la luna de Valencia. Otros suponen que lo de la luna es por el nombre que los valencianos daban a su playa, en razón a su forma semicircular.
Hay folcloristas que suponen que la frase en cuestión se decía porque a ciertas horas se cerraban las puertas de Valencia, y los que llegaban a destiempo tenían que pasar la noche en un banco con forma de media luna o herradura que había a pie de la muralla. Sin embargo, para José María Iribarren, autor del libro El porqué de los dichos, el origen de la expresión es mucho más sencillo. Dejar a la luna es lo mismo que dejar en blanco; es decir, dejar a uno sin lo que pretendía o esperaba. Lo de Valencia fue añadido más tarde a la primitiva frase dejar a la luna.
| | Estar hasta los topes
Dicho que se aplica cuando una persona o una cosa tiene hartura o exceso de algo. Existen dos hipótesis que explican el origen de este dicho: una marinera y otra ferroviaria. Los defensores de la segunda aseguran que la voz tope hace referencia al vagón del ferrocarril, ya que define distintas piezas que tienen los trenes. Por ejemplo, se llama tope a la traviesa situada al extremo de la vía, así como a una especie de platillo metálico que sirve para amortiguar los efectos de los choques violentos entre vagones, durante las maniobras y frenados bruscos. Antes, mucha gente se subía al tope del vagón cuando éste iba abarrotado de personas.
Sin embargo, quienes apoyan la tesis marinera sostienen que los topes que aparecen en la expresión se refieren al extremo superior del palo de arboladura. Por lo tanto, la frase original hasta el tope vendría a significar hasta lo más alto de un barco.
| | Ponerle el cascabel al gato
Este dicho, que refiere la importancia de los más débiles para tomar precauciones contra quienes a traición y por la fuerza abusan de ellos, fue popularizado por el fabulista Félix María Samaniego (1745-1801). No obstante, se trata de un cuento del siglo XIV que lleva por título De los mures con el ratón. Dice así: "Los mures (los ratones) una vegada llegaronse a consejo et acordaron cómmo se podrían guardar del gato; et dixo el uno qu éra más cuerdo que los otros: Atemos una esquila (esquila o cascabel) al pescuezo del gato et podernos hemos muy guardar del gato; que cuando él passare de un cabo á otro, siempre oyremos la esquila. Et aqueste consejo plugo a todos, mas dixo uno: Verdat es; mas ¿quién atará la esquila al pescuezo del gato? Et respondió uno: Yo no. Respondió el otro: Yo no; que ni por todo el mundo yo non querría llegar a él... "
| | Pasar una noche toledana
Se dice de la persona que ha pasado la noche sin poder dormir, a causa de disgustos o molestias. Este modismo proviene, según el maestro Gonzalo Correas, de que las mozas toledanas del primer tercio del siglo XVII creían que el primer hombre varón que oyesen a partir de las 12 de la noche del día de San Juán se convertiría en su marido.
Otra versión más dramática, tan común como insostenible, afirma que la expresión noche toledana se refiere a una terrible madrugada del año 806 en la que Amrus-al Lleridi, wali de Toledo, reunió en su palacio, so pretexto de celebrar un banquete, a 400 -hay quien dice a 700- muladíes toledanos, sospechosos de rebeldía contra el califa de Córdoba, su señor. Cuando los invitados se encontraban entregados a los placeres propios del festín, Amrus los mandó acuchillar hacia medianoche. Los cadáveres fueron arrojados a un foso, y las cabezas se expusieron para escarmiento de la población.
| | Estar entre Pinto y Valdemoro
Esta expresión madrileña se aplica al que está beodo o con unas copas de más. También se emplea para designar a la persona que vacila entre dos cosas u opiniones, o adopta una actitud ecléctica que no es ni lo uno ni lo otro.
Pinto y Valdemoro son dos pueblos de las afueras de Madrid, cuyos términos municipales están separados por un arroyo. Los lugareños cuentan que en Pinto había un hombre aficionando a la bebida y con poca sesera que solía ir por las tardes con unos amigos a las afueras del pueblo. Cuando llegaban al
arroyo que separa ambos términos, el borrachín se divertía saltándolo, canturreando a cada salto "¡Ahora estoy en Pinto. Ahora estoy en Valdemoro!". En uno de los brincos, tropezó, cayó al fondo del riachuelo _y exclamó: ¡Ahora estoy entre Pinto y Valdemoro!"
No obstante, algunos expertos opinan que éste no es el origen de la expresión. Según éstos, Valdemoro es una villa de origen árabe y corte musulmana que en el año 1083 fue conquistada por Alfonso VI. Pinto también fue edificada probablemente por los árabes, aunque pronto cayó tomada por los cristianos. Posiblemente, de esta convivencia entre musulmanes y cristianos, cuya única frontera entre ambas poblaciones era el riachuelo, procede el dicho proverbial estar entre Pinto y Valdemoro.
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