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Tirar la casa por la ventana
Se dice que alguien tira la casa por la ventana cuando de repente comienza a efectuar gastos superiores a los que acostumbraba.
Tan contundente expresión nace de la costumbre que existía en el siglo pasado de tirar literalmente por la ventana los enseres del hogar cuando a alguien le tocaba la Lotería Nacional. Ésta nació en España bajo el reinado de Carlos III, quien la instauró por Orden de 30 de septiembre de 1763. Las primeras oficinas abrieron sus puertas al público en una casa de la plazuela de San Idelfonso, en Madrid. La estructura actual en décimos y sorteos periódicos fue instaurada en 1812 por las Cortes de Cádiz.
| | El Alirón
Durante décadas, este conocido estribillo ha constituido un grito de guerra y de victoria en los enfrentamientos futbolísticos. Su origen data del año 1913, fecha en la que la cupletista Marietina estrenó la canción del Alirón en el teatro Romea de Madrid. La letra, escrita por Álvaro Retena, decía así:
En Madrid se ha puesto en moda la canción del ¡Alirón!, y no hay nadie en los Madriles que no sepa esta canción.
Y las niñas ya no entregan a un galán su corazón si no sabe enamorarlas entonando el ¡Alirón! ¡Alirón! ¡Alirón, pon, pon pon, pon!
El estribillo era coreado en público. La canción tuvo una gran aceptación y fueron muchas las cantantes que la incorporaron a su repertorio. Una de ellas fue Teresita Zara, que estrenó la canción en el Salón Vizcaya, de Bilbao, coincidiendo con los éxitos deportivos del Athlétic bilbaíno. En una de las sesiones, el público rectificó espontáneamente el estribillo de la canción, quedando de la siguiente manera:
¡Alirón! ¡Alirón!¡El Athlétic campeón!
| | Vale lo que pesa
Con esta expresión se pondera la valía de un individuo y hace alusión al peso en oro o plata del aludido.
Parece ser que el dicho procede de ciertas leyes antiguas que se aplicaban en los pueblos bárbaros del Norte. Una de ellas castiga al asesino de una persona a pagar a sus parientes o herederos tanto oro o plata como pesaba el cadáver. A veces, esta cantidad no era suficiente para apaciguar el dolor de los parientes de la víctima, por lo que el reo tenía que añadir unos cuantos kilos más de los preciados metales si no quería morir.
Este uso no tardó en ser copiado en otras regiones del Viejo Continente para castigar a los condenados, pero también se propagó entre la gente piadosa y devota, con el fin de librarse uno o librar a otro de una enfermedad o una situación indeseable. De esta forma, se puso de moda ofrecer a un santo el peso del afectado en oro, plata, trigo... Así, por ejemplo, Chacarico, rey de los suevos, hizo pesar en oro y plata el cuerpo de su hijo enfermo y que se enviara la suma a la tumba de san Martín, con la esperanza de que este santo le curara.
| | París bien vale una misa
La expresión se atribuye al rey francés Enrique IV (1553-1610) y se utiliza cuando, para conseguir una meta o alcanzar un objetivo, se debe renunciar a algo muy esencial.
Hipotéticamente, la frase la pronunció este monarca de la dinastía borbónica cuando decidió abjurar del protestantismo para convertirse a la religión católica el 25 de julio de 1593. De esta forma, se despejaba el camino hacia el trono, al ser aceptado por los católicos, y podía hacer su entrada triunfal en París.
Hay autores, como Eduardo Fournier, que sostienen que Enrique IV jamás llegó a pronunciar la frase, aunque sí la hubiese pensado. No obstante es posible que dijera otra parecida cuando un día el duque de Rosny le preguntó al rey por qué no se decidía a ir a misa. Para animarle, le dijo lo siguiente: "Señor, señor, la corona bien vale una misa".
| | Historias rocambolescas
Viene a cuento hablar de este tipo de historias para catalogar una serie de hechos o circunstancias que resultan extraordinarios, exagerados o inverosímiles.
Su origen está en el personaje novelesco Rocambole, protagonista de una serie de novelas escritas por Ponson du Terrail entre los años 1859 y 1867. Las fascinantes e inverosímiles aventuras vividas por Rocambole contribuyeron a darle gran popularidad como la personificación del hombre cuya existencia se desenvuelve entre intrigas y peripecias dificiles de creer.
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