Miércoles 08/02/12 SANTORAL:Ciriaco, Dionisio, Emiliano, Esteban, Filadelfo, Honorato, Jerónimo Emiliano, Juan de Mata, Juvencio, Lucio, Pablo, Policarpa, Quinta, Sebastián
Un hombre muy enamorado nos hace soñar, un hombre muy enamorado de su mujer nos hace sonreir. Oscar Wilde.(1854-1900); escritor irlandés

Municipios de Cantabria
Santander


escudo de Santander

Municipio en la costa central de la Comunidad cántabra, donde radica, también, la capital de la misma; donde habitan más de un tercio de la totalidad de sus gentes, unos 190.000; la mayoría, en la capital, Santander, pero también, en otros cuatro núcleos más (Cueto, Monte, San Román de la Llanilla y Peñacastillo –cada uno, con varios barrios), y que ocupan una extensión de 34 kms2; todos están en la costa o muy cerca de ella. Su costa, variada –abrupta a veces-, presenta playas, pequeñas islas, una bella península (la Magdalena) y dos cabos (Cabo Mayor –con su Faro- y Cabo Menor), que dan amplio paso a todo el estuario; en su comienzo, antes de llegar a la Península, están dos de sus playas más conocidas y visitadas –separadas por el saliente ajardinado de Piquío-, las Playas (1ª y 2ª) del Sardinero (especial lugar de veraneo, ya, desde finales del XIX), y aparecerán nuevas playas antes de llegar al centro de la Ciudad y a su Puerto. Una parte de la Ciudad se extiende a lo largo de su bella Bahía; pero, dos largos montículos (hoy, Calle Alta y El Alta) la dividen en zonas que la separan de ella; y en la vaguada más cercana a la misma, se concentra su vida comercial. A pesar de esta compleja orografía, Santander es una de nuestras ciudades más bellas.

Hay restos en la zona que avalan la vida en ella desde la Prehistoria; pero, son muchas más las huellas que dejaron los romanos; no sólo por los restos arqueológicos, se sabe, también, que tenían, aquí, un puerto de desembarco para sus conquistas -Portus Victoriae-, y defensas, ante el temor de invasiones de pueblos bárbaros. De los siglos siguientes, no hay referencias; la primera cita no aparece hasta el año 1068, cuando se nombra el “puerto de San Emeterio” –origen etimológico del nombre de la villa-, como donación al Obispado de Oca, por privilegio de Sancho II de Castilla; un siglo después, Alfonso VIII, otorga Fuero a la Villa, bajo el señorío de los monjes, ya abades –en el Cerro de Somorrostro, Alfonso II funda, en el siglo VIII, la Abadía (antes ermita) de San Emeterio y San Celedonio, cuyas cabezas se guardan como reliquias. El pequeño núcleo urbano, que se había formado en su entorno, fue creciendo con privilegios y exenciones de tributos (otros monarcas –Alfonso X, Alfonso XI- los fueron aumentando, propiciando un mayor desarrollo –también, de su puerto). A finales del XIII, su comercio marítimo exterior (con Francia, Inglaterra y Flandes) era muy activo, favorecido por su pertenencia a la Hermandad de las Marismas (de puertos cántabros y vascos); aunque, su población se vio afectada por grandes incendios que la mermaron, fue una época de fama y de participación de sus navíos en hazañas bélicas. El primitivo núcleo ciudadano, el de la Puebla Vieja (o del Cabildo de Arriba), necesita expandirse y surge la Puebla Nueva (la del Cabildo de Abajo), de artesanos y mercaderes, en la ribera, en torno a la Ría de Becedo, y unida a la primitiva Puebla por un puente –estructura que se mantiene durante siglos. En el XV, la villa consigue desarrollo y esplendor -confirmando la monarquía fueros y privilegios; el auge del comercio marítimo (lana, trigo, madera y hierro) a la Península y a puertos europeos, lo manifiesta. Un episodio, digno de reseñar, surge cuando Enrique IV, en 1466, dona la Villa al Marqués de Santillana y el pueblo se opone, con resistencia armada; tiene que revocarla un año después y, entonces, concede a la Villa el título de “muy noble y leal”; también, antes de que acabe el siglo, hay que recordar a la gran peste que ocasiona la pérdida de tres cuartas partes de su población -un barco de la Armada que trajo de Flandes a la princesa Margarita de Austria para casarse con el príncipe Juan, fue el causante; la villa paralizó su poder económico durante siglos, pues, además de otras epidemias, otra nueva gran peste, un siglo después, potencia al máximo la tragedia; aunque haya hechos que influyan positivamente (mercados, nuevo puerto, mejor comercio de la lana y, especialmente, ser Base Naval del Cantábrico -en 1570, lo concede Felipe II-, hasta el XVIII, no se consigue superar la crisis; se da un nuevo desarrollo, con expansión urbana, y se abre un nuevo camino con Castilla (su primer tramo llega hasta Reinosa), que lo favorece; además, se crea la Diócesis (independiente de Burgos), se convierte en Catedral a la Colegiata y, enseguida, la Villa pasará a Ciudad (1755). Pronto, se desarrolla una clase burguesa mercantil y se amplía el puerto (los intercambios con América, lo exigen); es, ya, el principal para las salidas de lana, harina y vino (que llegan de Castilla y Logroño). Las guerras coloniales del XIX influirán negativamente, pero un incipiente turismo lo irá paliando, y el desarrollo de comunicaciones lo hará posible; nuevos paseos y un tranvía comunican con El Sardinero, foco de la nueva atracción, con sus playas y su Balneario –que la monarquía descubre y disfruta; pero, la tragedia del Machichaco (con su gran incendio en el centro del puerto y con más de 500 muertos) ensombrecerá esta etapa. El surgimiento de bancos y navieras –junto al aporte de los indianos-, influye en la renovación de la Ciudad (hoteles y atractivos para nuevos visitantes, surgen en ella); el Ferrocarril -que llega, primero, hasta Alar- favorece estas visitas. En el XX, se continua este desarrollo (también, cultural –y habrá, ya, Universidad, la de Verano); sólo la Guerra Civil paralizará este creciente desarrollo. Además, en 1941, un gran incendio acabaría con gran parte del centro de Santander (incluyendo la Puebla Vieja y parte de la llamada Nueva); la ciudad, lentamente, tiene que reestructurarse de nuevo. A partir de 1950 –y más en los años sesenta-, Santander experimenta, otra vez, un gran desarrollo, con aumento de población –en gran parte, por emigración del campo; y en los años ochenta, pasará a ser la Capital de la creada Autonomía de Cantabria.

De esa variada y azarosa historia, aun queda un rico, aunque escaso, patrimonio; el edificio más antiguo es la Cripta del Cristo, sobre la que se asienta, en parte, la Catedral; es gótico, del XIII, de reducidas proporciones y guarda las cabezas (rodeadas de leyenda) de Los Santos Mártires (San Emeterio y San Celedonio), patronos de la Ciudad; bajo ella, en reciente reconstrucción, se han encontrado ruinas del palacio del gobernador romano, que testifican la existencia del primitivo Portus Victoriae. La Catredral (colegiata hasta mediados del XVIII y antes, abadía), es en su origen, gótica, del siglo XIV; pero, reconstruida y ampliada varias veces a lo largo de siglos (la última reforma fue en el XX -pues fue, también, afectada por el gran incendio de 1941). Entre los edificios religiosos, casi todos, de la edad moderna y de posteriores siglos, citemos los más representativos: la Iglesia de la Compañía o de la Anunciación, del XVI al XVII, renacentista, con grandes escudos barrocos –también se vio afectada por el último gran incendio; la Iglesia de la Consolación, barroca, de finales del XVIII; el Convento de la Santa Cruz, de Clarisas, de mediados del XVII, convertida, en el XVIII, en Tabacalera (aun conserva torre y bóvedas); de mediados del XIX, la iglesia de Santa Lucía, con gran pórtico, es también representativa de esta arquitectura religiosa de la ciudad. Los otros núcleos del municipio tienen, también, ejemplares dignos de mención: Santa María de la Asunción (del XIV al XVIII), en Cueto; San Pedro, del XVIII, en Monte (con modificaciones en el XX).; San Lorenzo (finales del XIX), de Peñacastillo; el Monasterio de Santa Catalina, de Monte Corbán (del XVIII), convertido en Seminario Diocesano, en San Román; y, también en él, en una pequeña isla -unida por un puente y una playa- el Santuario de la Virgen del Mar, Patrona del municipio, (en su origen, del XIV, pero ampliado y reedificado en el XVII), etc..- De la arquitectura civil, aunque ha desaparecido mucha, aun quedan ejemplares dignos de citar y visitar: en el barrio de Pronillo, aun quedan restos de la casa-palacio de Riva-Herrera (del XVI); el antiguo Hospital de San Rafael (hoy, Parlamento de Cantabria), de finales del XVIII; de la misma época, la Casa de los Arcos de Dóriga, y las Casas de Pedrueca; También de finales del XVIII, son las primeras casas del Paseo de Pereda (junto al muelle) –primeras hechas, con lujo, para varios vecinos (las que siguen, son, ya, del XIX); del XIX, quedan más, como el Ayuntamiento (de finales de ese siglo, pero reformado en 1964), en el solar que ocupó un convento franciscano –en el que, se cuenta, estuvo el Santo de Asís; el, hoy, Instituto de Santa Clara, fue en su origen, también, convento; las casas de Castelar, las de algunos Bancos, el Palacete de la Bahía, entre otras, son de admirar. Pero, sobre todo, es en El Sardinero, donde más abundan edificios valiosos y significativos para la Ciudad y su creciente veraneo (que parte, ya, de mediados del XIX): balnearios, hoteles, residencias, casino, etc. (muchos, ya, de primeros del XX); citemos: los edificios de El Gran Casino, El Hotel Real, el de El Sardinero, los Balnearios de las Playas, restaurantes, bares y cafeterías, etc.; en la zona, destaca el complejo de edificios de la Península de la Magdalena, presididos por el gran Palacio, que la Ciudad construye a primeros de XX y regala a los Reyes –hoy, recuperado, es centro de cultura y de ocio; en su entorno, están playas muy frecuentadas por su situación de sur. Bonitos paseos -y un túnel- unen estas zonas veraniegas con el centro de la Ciudad; cerca de ella están los Puertos (Deportivo –Puerto Chico-, Pesquero, o Comercial –éste, casi todo, en el Puerto de Raos), unidos por paseos y jardines (como el de Pereda); también, en la Ciudad, además del comercio y los bancos, abundan los buenos hoteles, restaurantes y cafeterías. Como es natural, este municipio tiene muy buenas comunicaciones (intentando salvar tanta montaña): Autovía del Norte (pronto se completará la que le une a la Meseta), líneas de ferrocarriles, por cercanias, hacia el sur, por el norte –más, las líneas marítimas y las aéreas; su constante revisión las amplía y mejora, pues ellas contribuyen a consolidar y ampliar el atractivo turístico y cultural que esta Ciudad tiene; ella, además, suele ser punto de partida para conocer el resto de la Comunidad cántabra.

FIESTAS LABORALES AÑO 2012
•28 de Mayo (Lunes) La Virgen del Mar
•30 de Agosto (Jueves) Los Mártires
OTRAS FIESTAS EN EL MUNICIPIO
En Santander: Carnaval en Marzo, Procesión de Jueves Santo en Abril, Procesión de Viernes Santo en Abril, Día Infantil de Cantabria en Junio, San Juan en Junio, En Monte: San Pedro en Junio, En Santander: Baños de Ola en Julio, La Virgen del Carmen en Julio, Feria Taurina de Santiago en Julio, Santiago Apostol en Julio, Romería montañesa en el faro en Agosto,
PROGRAMAS FESTIVOS DISPONIBLES
Carnaval (2011), Procesión de Jueves Santo (2011), La Virgen del Mar (2009), San Juan (2007), San Pedro (2011), Baños de Ola (2011), La Virgen del Carmen (2007), Feria Taurina de Santiago (2011), Santiago Apostol (2011), Romería montañesa en el faro (2011), Los Mártires (2007),

Playas:
- en Monte:El Rosal, Rosamunda, La Maruca.
- en San Román de la Llanilla:La Virgen del Mar.
- en Santander:Los Peligros ,Mataleñas ,El Sardinero - Segunda Playa ,El Sardinero - Primera Playa ,El Camello ,La Magdalena ,Los Bikinis ,La Concha ,Los Molinucos.

Datos del Ayuntamiento:
Telefono 942200600
Fax 942200737
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