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Personajes de Cantabria
Juan de Herrera Nació en el barrio de Movellán, enclavado
en el Pueblo de Roiz, entre las colinas que circundan el valle de Valdáliga,
un día del año 1530, el que más tarde iba a ser príncipe de los arquitectos
españoles y feliz plasmador, en granito, de la España imperial y del carácter
recio y austero de aquel Austria que se llamó Felipe II.
Estudia Humanidades y Filosofía en la Universidad de Valladolid. Nieto de Ruy
Gutierrez de Maliaño y Herrera, señor de la casa solariega de
Maliaño, —aunque de familia muy modesta—, y compenetrado con el carácter
del entonces príncipe Felipe, figura entre los caballeros de su séquito que
le acompañan a Bruselas. El Emperador Carlos I le aguarda y le pone a su servicio.
Soldado del Ejército imperial, «pone su pica en Flandes». Italia espera después
y a las órdenes de su general y protector, don Fernando de Gonzaga, se encuadra
y lucha también en aquellos Tercios. Fiel servidor del Emperador, le acompaña
finalmente, hasta su abdicación, para volver al servicio de Felipe II,
con quien regresó a España en el año 1559. Fueron cinco
años de asistencia en la corte de Bruselas, cuyo elevado nivel cultural
hubo de influir en herrera permitiendole adquirir durante esta etapa formativa
solidos conocimientos cientificos y humanisticos
Ya en España, se unio al grupo que, bajo la direccion de Honorato Juan,
se ocupo de la enseñanza del principe Carlos y en el ejercicio de estas
funciones copia las figuras astronomicas del Libro de las Armellas, tarea que
concluye en 1562. Asimismo, por orden de Felipe II, recibio los "papeles"
de Esquivel, que tenia Guevara, con las mediciones geodesicas para la confeccion
del mapa general o "Carta de España", considerandole, sin duda,
la persona mas capacitada para continuar aquella empresa.
Por entonces habia comenzado la fabrica de San Lorenzo de El Escorial, bajo
la dirección y conforme a las trazas de Juan Bautista de Toledo, a cuyas
ordenes comenzo a trabajar Herrera, el 18 de febrero de 1563. A la muerte de
este maestro, Felipe II nombra a Juan de Herrera para sustituirle en la difícil
construcción del monasterio. Su arte clásico depurado y sobrio, fue una revelación,
pues solucionó con su ingenio y con su gran sentido de las proporciones muchos
problemas planteados en el curso de la gigantesca obra, creando así un estilo
propio, el «herreriano», y marcando una etapa decisiva de la arquitectura española
en aquellos siglos XVI y XVII.
A la «octava maravilla del mundo" siguen la Casa de Contratación de Sevilla,
y el Archivo de Simancas, y el palacio de Aranjuez, y la catedral nueva de Valladolid.
Por aquel entonces apenas se hacia obra alguna en que no tuviese parte, y es
que hay que tener en cuenta que Juan de Herrera ejerció, durante el reinado
de Felipe II, una especie de dictadura artística. Como inspector cortesano de
monumentos, visitaba dos veces por semana al monarca, y este llegó incluso a
firmar una orden por la cual Juan de Herrera debía revisar, y aprobar, según
su juicio, los planos de todos los edificios públicos que se construían en España.
Se casó dos veces: la primera con doña Maria de Álvaro, con la que no tuvo
descendencia. La segunda, en 1581, con Ines de Herrera, su prima, doncella de
diecisiete años, hija de Marcos de Herrera, señor de la casa de Herrera, de
Maliaño. Con su segunda esposa tuvo una hija, doña Lorenza, muerta a la temprana
edad de doce años y con sus facultades mentales perturbadas.
Si portentosas fueron las facultades artísticas de Juan de Herrera, no quedaron
a la zaga las humanísticas, y aun las de carácter emprendedor y deportivo, incluso,
como muy bien le define la catalogación de «uomo universale", es decir, hombre
completo, con que se le conocía.
Y junto a esto, su montañesismo de pro, su pasión, hondamente sentida y vivida
en cada momento, por Cantabria, como lo demuestra, entre otras cosas, que fue
corregidor de Santander, y que entre los documentos que se pueden hallar referentes
a él figuran memoriales escritos al Rey Felipe II solicitando aumentos de sueldo
,porque no quería abandonar, sino acrecentar, su hacienda en la Montaña.
Era este un deseo obsesivo en él, pero en el deseo de favorecer en todo al
pueblo de sus mayores, Maliaño como lo demuestra el que por voluntad expresa
lega en su testamento todos sus bienes al pueblo de Maliaño y da la orden a
su sobrino Pedro del Liermo de construir una iglesia al Señor San Juan, como
ampliación de la capilla que por aquel entonces existiera en su casa-palacio,
o casona solariega en el Alto de Maliaño.
Amó tanto a su patria chica que así lo hizo constar en su testamento de forma
tan clara como concreta:
«...Y ordeno y mando que mi cuerpo sea trasladado y llevado a la iglesia
de Sán Nicolas y Santiago, a cuya Orden pertenezco, en la capilla de don Juan
Mendez y Sotomayor, alcaide de Agreda, y bóveda donde se ha de depositar, y
que lo trasladen, pasados ocho meses, a la iglesia del Señor San Juan, del lugar
de Maliaño, de dicho lugar, allí donde están enterrados Rui Gutierrez de Maliaño
y Herrera, mi agüelo y mis antepasados».
Así figuraba uno de los capítulos del testamento otorgado por Juan de Herrera
el 3 de diciembre de 1584, ante el notario Pedro de Salazar, quien tomó fielmente
sus últimas voluntades. Trece años má tarde de haber firmado aquel testamento,
Juan de Herrera fallecía el 15 de enero del 1597.
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